9 nov 2012

Empoderamiento ciudadano y redes sociales I

Uno de los acontecimientos más relevantes de este inicio de siglo es el desarrollo de una vigorosa red de organizaciones de la sociedad civil (OSC), que se expresa bajo diversas modalidades en todos nuestros países y en la región. Inspiradas en valores de justicia social, desarrollo sustentable, no-discriminación y en la defensa y promoción de los derechos humanos estas organizaciones están abriendo un nuevo campo de actuación para muchos individuos y comunidades, a la vez que generan un fenómeno de creciente ciudadanización de las agendas políticas. Más allá de su peso cuantitativo, las OSC y sus redes representan un valor cualitativo pues son expresiones de proyectos y movimientos ciudadanos orientados a refundar muchas de las viejas y agotadas prácticas de hacer política. Sus planteamientos acerca de la necesidad de construir democracias participativas, de ejercer un control ciudadano de las políticas públicas y de recrear los procedimientos para establecer y debatir las agendas políticas son manifestaciones de un nuevo paradigma de la acción colectiva.

Tanto las instituciones multilaterales de ayuda al desarrollo como las organizaciones internacionales han reconocido el aporte y el significado de estas OSC y del rol que juegan sus redes a nivel global. En la décadas pasadas las distintas Cumbres convocadas por la ONU han permitido la consolidación de nuevos estilos de consulta y participación de la sociedad civil en los debates globales, así como se han configurado desde las propias OSC verdaderos observatorios sociales acerca del cumplimiento de los acuerdos que los gobiernos y las instituciones internacionales asumen en diferentes temas, especialmente en relación al medio ambiente, no-discriminación, derechos humanos, desarrollo social, derechos de la mujer, hábitat.

Las OSC han generado alianzas políticas a nivel global dando lugar a lo que se ha llamado el movimiento “altermundista”, conformándose un espacio de aprendizaje y movilización ciudadana que procura articular las dimensiones locales y globales que implica construir una nueva cultura democrática. Este movimiento, fundado en una lógica de redes y de aprendizaje continuo, ha relevado una agenda de profundización de la participación democrática, fortaleciendo los movimientos sociales y convocando a los partidos políticas a renovar sus proyectos y sus prácticas.

Esto último ha significado también una atención especial a la generación de instituciones de democracia participativa y deliberativa, que se sustente en la presencia y proximidad “de la política” en las comunidades, construyendo modos de practicar la democracia reflexivos y directos junto a renovados sistema de participación representativa.

Es evidente que esta posición reivindica el poder de la no-violencia activa, el carácter auto constituyente de los movimientos sociales y la lucha contra todo tipo de autoritarismo y no-discriminación.

Las movilizaciones ciudadanas globales, como respuestas a las crisis económicas de 2009 y la actual, han fortalecido el carácter catalizador y potenciador de las redes sociales usando las nuevas tecnologías de las comunicaciones con una perspectiva e empowerment. En tal contexto, es preciso actualizar las agenda ciudadanas locales y aprovechando la capacidad desarrollada por las OSC para hacer valer sus agendas a nivel global, la ampliación de sus campos de influencias, la consolidación de sus redes de información y la existencia de líderes (hombres y mujeres) que están encabezando movilizaciones destinadas a pensar y hacer posible sociedades justas.

La próxima semana parte dos de este comentario, escrito por Jorge Osorio Vargas

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